NOVELA NEGRA ÚLTIMO MODELO

Personajes y temas se renuevan al ritmo de los cambios tecnológicos y culturales del siglo XXI

Adn Cultura

Viernes 15 de octubre de 2010 | Publicado en edición impresa 

Por Leonardo Tarifeño
LA NACION

Corren tiempos extraños para la novela policial. A los detectives los persiguen los fantasmas, las mujeres embarazadas emulan a Philip Marlowe y las investigaciones alrededor de un crimen pueden durar más de treinta años. La ya célebre serie Millennium , del sueco Stieg Larsson, consagró a los héroes atípicos -una hacker bisexual y violenta, un periodista político en plena crisis personal- y a uno y otro lado de su éxito florecen autores que, como el creador de Lisbeth Salander, renuevan el género al incorporar elementos decisivos de nuestra época en la estructura tradicional. ¿Habrá llegado la hora de una refundación del thriller ?

La última época dorada del policial la inauguraron, en los años 30, Dashiell Hammett y Raymond Chandler, quienes establecieron el modelo hoy conocido como "novela negra". En Cosecha roja (1929), Hammett crea un detective sin nombre que debe resolver un caso en Personville (rebautizada por él mismo como "Poisonville" o "ciudad venenosa"). En no pocos sentidos, Cosecha roja plantea el fracaso de la razón ante el poder de la fuerza y la ambigüedad de la justicia, en un mundo empeñado en colocar a los honestos al margen de la ley. A medida que avanza, la investigación del detective sin nombre o "agente de la Continental" provoca más delitos de los que resuelve, y la espiral de violencia hunde a un justiciero que, en épocas de Sherlock Holmes o Arsène Dupin, se confiaba por entero a la certera elegancia del método hipotético-deductivo. En las ciudades conflictivas y caóticas de la "novela negra", donde reinan la corrupción y la clandestinidad, los enigmas dejan de serlo cuando se acepta que un nuevo mundo de valores materialistas acaba de instalarse de una vez y para siempre. En siete novelas inmortales, Philip Marlowe, el emblemático personaje de Raymond Chandler, continuaría y profundizaría esos rasgos literarios (y morales) delineados por Hammett, y el esquema básico de desconfianza ante la ley, justicia relativa y heroísmo solitario y violento se mantendría en un arco que va de Ross Macdonald ( El caso Galton ), James M. Cain ( El cartero llama dos veces ) y Chester Himes ( Por amor a Imabelle ) a Jim Thompson ( 1280 almas ) y otros autores más recientes, como James Ellroy ( La dalia negra ).

En su versión europea, con el paso del tiempo la "novela negra" se diversificó y alcanzó una diversidad de registros que desafía las clasificaciones. La inteligencia del inspector Maigret, del belga Georges Simenon, el acento psicológico en la obra del alemán Friedrich Dürrenmatt, el humor que el español Manuel Vázquez Montalbán le regaló a su Pepe Carvalho y el refinamiento del celoso comisario Montalbano, del italiano Andrea Camilleri, son apenas algunos rasgos de un mapa que incluye las pesadillas mafiosas del siciliano Leonardo Sciascia, la melancolía de la serie Wallander, del sueco Henning Mankell y la ironía políticamente incorrecta del griego Petros Márkaris. Hoy, ya en tiempos globales, la novedad consiste en que algunos escritores policiales asumen y tematizan los problemas y las encrucijadas de la época para transformarlas en materia narrativa. De esta manera, el actual rol de la mujer y la relectura contemporánea de la religión se hacen presentes en las novelas de la sueca Åsa Larsson ( Aurora boreal , Sangre derramada ); la omnipresencia planetaria del narcotráfico y la potencia demoledora de la economía transversal y clandestina, denunciadas por los periodistas Roberto Saviano en Gomorra y Misha Glenny en McMafia , irrumpen con fuerza de knock-out en El poder del perro , del neoyorquino Don Winslow, y la aparente normalidad del crimen, despojado de su condición de evento extraordinario, brilla en los libros que el estadounidense Harlan Coben le dedica a su detective, Myron Bolitar ( Desaparecida , La promesa , Golpe de efecto ).

Por otro lado, y en un abierto desafío a las reglas técnicas del género, otros escritores proponen distintas alternativas al modelo establecido por Chandler y Hammett. Para el islandés Arnaldur Indridason ( La mujer de verde , Las marismas , La voz ), "los personajes son más importantes que las tramas, y no tiene ninguna importancia si el lector descubre quién es el asesino en la página 25", una afirmación que los autores clásicos de "novela negra" jamás habrían compartido. Otro nórdico, el sueco Johan Theorin, enriquece la típica escritura del policial con una apuesta lírica deslumbrante, insospechada en un tipo de literatura creada a golpes de frases cortas, y le suma el peso de los mitos y leyendas de una isla remota a un universo que alguna vez tuvo como escenario excluyente el vértigo urbano. Y en la misma dirección, para demostrar que el thriller del siglo XXI no acepta límites de ninguna clase, el irlandés John Connolly cruza la última frontera al combinar literatura policial y fantástica en unas novelas cuyo detective es perseguido por los fantasmas de su mujer e hija muertas.

"El género policial se resume en la búsqueda de la verdad -ha dicho Don Winslow durante la presentación en España de su última novela, El invierno de Frankie Machine- , el objetivo es responder a la pregunta ¿quién lo hizo? Tradicionalmente, esa pregunta se centraba en asuntos personales, pero ahora se ha extendido y ya no sólo es cuestión de saber quién lo hizo, sino por qué lo hizo y en qué contexto lo hizo. Creo que desde autores como James Ellroy la novela negra se vuelca sobre cuestiones históricas". Ex detective y ex funcionario del Departamento de Estado norteamericano, Winslow construyó en la monumental El poder del perro "la primera gran novela sobre la droga", en palabras de Ellroy. Mafiosos más honestos que los políticos, connivencia de los gobiernos con la industria del narcotráfico e inescrupulosas luchas fratricidas entre la DEA y la CIA forman parte del paisaje de la novela, construida, según Winslow, con un 90% de materiales reales, fruto de los cinco años de investigación en los que el autor entrevistó a policías, capos del narco y sicarios arrepentidos o no tanto. "La gente se siente frustrada e impotente porque no tiene lo que quiere y entonces ahí se cruzan las fantasías que rodean al crimen organizado, que puede conseguir lo que se quiera con sólo descolgar un teléfono. Ése es el atractivo de El Padrino y quizá por eso hoy la novela negra vive este auge. Porque tiene y ofrece más claves para entender el mundo actual", concluye Winslow. Así como Gomorra exhibía el funcionamiento interno de la mafia italiana y McMafia ponía en evidencia la cadena global de los negocios ilícitos, El poder del perro utiliza las herramientas de la narrativa policial para contar la lógica feroz del narcotráfico, cuyo entramado afecta en cualquier gran capital del mundo al ciudadano de hoy. De lo que se trata, parece decir Winslow, no es de respetar a rajatabla las normas del género, sino de narrar los resultados de una investigación con las reglas literarias más adecuadas. "Si el 10% de El poder del perro fuera verdad, sería algo horripilante; que el 90% pueda ser cierto, resulta casi insoportable", dijo un crítico estadounidense. El porcentaje de horror social y de milagro literario asombra por igual y es parte del encanto de este thriller .

Winslow dibuja su novela como el reverso literario de cierta realidad y en esa línea sigue los pasos de Stieg Larsson. Es muy probable que el autor de Los hombres que no amaban a las mujeres haya sido el primero en trazar las líneas de la sociedad contemporánea en el horizonte de su novela, estrategia literaria que produce un fuerte efecto de identificación del lector con sus personajes principales. Lisbeth Salander, la maníaca heroína de Millennium , es bisexual en una época en que las mujeres son cada vez más libres para elegir su orientación sexual, y hacker en un tiempo en que el discurso dominante es el científico en su versión tecnológica-cibernética. Este doble perfil la convierte en un producto típico de los inicios del siglo XXI, y su rutilante aparición en un thriller le brinda a la novela un toque de irresistible actualidad que, en su momento, también debe haber definido las aventuras de Philip Marlowe en la brutal California de los años 30 y 40. A su manera, y en una línea emparentada con la de su homónimo compatriota, la sueca Åsa Larsson también evoca en sus páginas las inequívocas marcas de la contemporaneidad. Educada dentro del ultraconservador luteranismo laestadiano, Larsson fue una niña sometida a la que ni siquiera se le permitía leer libros. Cuando ella tenía 16 años, su madre abandonó a su padre por otra mujer y lo primero que Åsa pensó fue que su mamá se iría directo al infierno. Hoy, en sus libros aparecen clérigos muertos aquí y allá, y el sectarismo religioso se yergue como la fuente de todos los males. "Mi principal inspiración es la Biblia, que es toda una larga sucesión de historias violentas", declaró en su presentación durante el festival español Getafe Negro. Lo que parece claro en sus inquietantes Aurora boreal y Sangre derramada es que la relectura de los mandatos religiosos, otra huella de este siglo, es probablemente su mayor aporte a la renovación del género. El otro es la legitimación de la mujer como figura detectivesca: su personaje-fetiche es Rebecka Martinsson, abogada como la autora, y la investigadora privada con la que se cruza en más de una ocasión es la singularísima Anna-Maria Mella, quizás la única policía embarazada en la historia del thriller .

El irlandés Connolly ha dicho que "en las novelas de Charlie Parker se parte de la idea de que hay un abismo entre la ley y la justicia. En palabras de William Wallace, la justicia está en el Más Allá, y la ley en nuestro mundo". Idéntica sensación produce la obra de Harlan Coben, el escritor estadounidense recientemente galardonado con el premio RBA de Novela Negra 2010. En sus libros (entre los que se destacan Desaparecida y La promesa ), muchas veces más próximos al espionaje de Robert Harris que a la "novela negra" clásica, los criminales son buenos padres de familia que cumplen con todas sus obligaciones menos la de respetar la ley. En Coben, el thriller es cosa de gente común porque hoy el delito se ha transformado en algo de lo más común. Tal vez por eso su detective ni siquiera es policía o abogado, sino un ex jugador de básquet, el romántico Myron Bolitar. "Lo importante en la novela policial actual es que los personajes resulten reales, con todas sus inseguridades -apunta Coben-; no escribo sobre asesinos que matan sin ninguna razón, ni cuento conspiraciones mundiales contra el presidente. Escribo sobre gente que tiene sueños, y luego muestro adónde van a parar esos sueños. Mis temas son el drama y la devastación."

En la época en que el maltrato doméstico es tapa de todos los diarios del mundo, el thriller abandona los grandes salones, los casinos o las fiestas de los ricos para instalarse en las casas de cualquier hijo de vecino. Al menos eso es lo que ha hecho el islandés Arnaldur Indridason en La mujer de verde , novela que tiene todo para ser uno de los policiales más tristes y desgarradores jamás escritos. "El maltrato familiar es un crimen silencioso porque se denuncia mucho menos que otros delitos, y además es muy difícil de investigar. En general quedan ocultos y escondidos, y a pesar de eso es el crimen que más crecimiento ha tenido en Islandia en los últimos veinte años", ha dicho el autor. Con Indridason, la novela policial hace pie en la intimidad del hogar, y el que entra en ese mundo habitado por perversiones familiares y secretos convertidos en dolor a varias bandas es el detective Erlendur Sveinsson, policía honesto y servicial que, él tampoco, representa ningún ejemplo en la vida privada. "Abandona a su familia y no está capacitado para relacionarse con ellos de manera normal, pero puede ser compasivo con los criminales y sus víctimas", explicó su creador. ¿Hasta qué punto un justiciero puede serlo sólo de puertas afuera? La complicidad que Indridason le pide al lector es la misma que la sociedad le reclama al ciudadano contemporáneo que ya ha visto affaires como el escándalo Clinton-Lewinsky: a los funcionarios apenas se les debe pedir que cumplan y hagan cumplir la ley. Su vida privada, mal que les pese a los ciudadanos que sueñan con la integridad en todos los ámbitos, es asunto de ellos.

En esta nueva ola de escritores policiales, de Stieg Larsson a Indridason y Åsa Larsson, el estrellato se lo llevan los nórdicos. La razón, según el también sueco Johan Theorin, es que en las sociedades aparentemente perfectas reina un silencio tenebroso que sólo la literatura se anima a narrar. "La novela negra sueca surge en 1986, tras el asesinato de Olof Palme -ha explicado recientemente-; si a eso se le añade la apariencia de perfección de la sociedad, allí está la combinación perfecta para un thriller. " Theorin, como Indridason, es un autor más interesado en los personajes y en las atmósferas que en las idas y vueltas de la anécdota. El resultado, como queda visible en La hora de las sombras , es un tipo de policial lírico y oscuro, donde prevalece la sensación de que en la trastienda del mundo hay una lucha sorda y milenaria entre el bien y el mal. "No me importa tanto la trama como poder contar la sensación de perder a un ser querido", ha dicho, y para eso abre La hora ... con la impactante desaparición de un niño. En la sociedad que permitió el magnicidio de Palme, parece decir la novela, todo puede ocurrir. Y aquello que en apariencia es el bien de una sociedad perfecta se basa necesariamente en la ocultación de un mal que en el momento menos pensado sale a la luz.

"Los ensayos se centran en los hechos, la literatura hace foco en la verdad", subrayó hace poco Don Winslow, y esas palabras quizás expliquen la vigencia de un género que jamás pierde vitalidad. Lejos de los arquetipos y como fiel representante de su época, el thriller de hoy asume las contradicciones del presente y devuelve una imagen más real que la realidad. Pero en su nueva cara no hay maquillaje, sino los gestos secretos con los que la gran literatura siempre dice su verdad.

DON  WINSLOW

Art Keller. El protagonista de El poder del perro ("una versión narcomex de El Padrino ", según Rodrigo Fresán) es el joven agente de la DEA Art Keller, cuyo origen hispano parece ideal para combatir el narcotráfico de la frontera con México. Pero todo lo que Keller tiene de voluntarioso también lo tiene de ingenuo, y cuando atrapa a uno de los grandes capos locales se dará cuenta de que precisamente ese acto de justicia constituye su peor error.

JOHAN  THEORIN

Gerlof Davidsson. El héroe de La hora de las sombras (primera entrega de El cuarteto de Öland , hasta ahora la única distribuida en la Argentina) es un anciano, viejo marinero jubilado que disfruta de su vida en la isla sueca de Öland. Tiende a la introspección y cree fervientemente en los duendes y elfos de las leyendas locales.

ÅSA  LARSSON

Rebecka Martinsson. El personaje emblemático en las novelas de la escritora sueca es abogada como ella. También, como su creadora, tuvo una educación religiosa severa. Exitosa, fría y adicta al trabajo, es capaz de poner en riesgo su puesto en un prestigioso bufete de abogados con tal de ayudar a una vieja amiga. Su contrapunto es Anna-Maria Mella, detective embarazada, simpática e irónica, que una y otra vez se burla de los hombres.

HARLAN  COBEN

Myron Bolitar. No tiene familia ni esposa y su mayor pasión es el básquet. Es fuerte y un buen amigo. Tiene suerte con las mujeres pero no consigue estabilizarse. Se estresa fácilmente, come muy mal y es un adicto al zapping . Preferiría resolver sus casos sentado a la computadora antes que en las calles de una gran ciudad.

ARNALDUR  INDRIDASON

Erlendur Sveinsson. Erlendur es el policía más experimentado de Rejkiavik. Tiene 50 años, es fuerte, no se viste bien y jamás va al cine o al teatro. Abandonó a sus hijos cuando eran muy pequeños; hoy la chica es drogadicta y el chico, alcohólico. Es un tipo triste, sentimental y vulnerable.

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